Pues resulta que ayer, 7 de octubre, se celebraba el Día Mundial del Trabajo Decente. Es una celebración poco conocida, de hecho yo me enteré este lunes del asunto. Este concepto del trabajo decente parece ser que se acuñó en la Organización Internacional del Trabajo, en el año 1999, y desde entonces se intenta consolidar la celebración. Parece cosa difícil, porque, más o menos, la OIT considera que un trabajo se puede considerar decente cuando se cumplen determinadas condiciones que sitúan la relación profesional dentro del ámbito del respeto a los derechos humanos.
Ayer, pensando en lo que nos está pasando a los músicos con la Ley Lasalle, me di cuenta de que este caballero, su superior Wert y los que les impulsan a llevar adelante este despropósito desde las más altas instancias del Gobierno vía el Ministerio de Industria, nos van a situar a los creadores, una vez más, en el vecindario del guetto del trabajo indecente.
Si piensas que exagero, repasemos lo que establece el Artículo 27.2 de la Declaración e los Derechos Humanos, en el que se establece que “toda persona tiene derecho a la protección de intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora”.
La injusta e incomprensible Ley Lasalle, ni nos protege eficazmente de la piratería, ni se alinea con las directivas europeas en ningún área y, lo que es peor, recorta nuestros derechos en tal medida que desprotege nuestros intereses materiales hasta límites insoportables, por lo que va a resultar difícil mantener la dignidad y los intereses morales si esta ley sale adelante.
Así pues, con la amenaza palpable de ser candidato en breve al trabajo indecente, he ido con renovados bríos a la concentración contra esta ley siniestra, y he gritado con más fuerza de lo normal, junto a mis compañeros, para decirle a los Lasalle y compañía que, para indecencia, lo suyo.
Manuel Aguilar
Vocal de AMA

